Cuando la noche se convierte en una preocupación
Después de varias noches difíciles, la idea de no poder dormir puede convertirse en una fuente de ansiedad. Consultar constantemente la hora o predecir un día desastroso puede aumentar la tensión. Este mecanismo puede mantener el problema, pero no significa que todo el insomnio dependa de la ansiedad.
Observa los pensamientos sin juzgarte
Puede resultar útil reconocer un pensamiento como “mañana no podré hacer nada” sin considerarlo una predicción determinada. No es necesario que se convenza de que todo estará bien ni que elimine por la fuerza todas las preocupaciones. Si un ejercicio de relajación se convierte en una prueba a superar, puedes elegir algo más sencillo.
Reducir la presión a la hora de acostarse
La lectura tranquila, la música o unos minutos de respiración natural pueden crear un descanso de las apretadas agendas. No es necesario respirar profundamente a toda costa ni contener la respiración. Elija actividades cómodas y reduzca aquellas que lo mantengan mentalmente activo hasta tarde.
Una noche de inquietud no establece de antemano cómo serán las siguientes. Al mismo tiempo, las dificultades repetidas no son una falta de fuerza de voluntad y no requieren simplemente un pensamiento más positivo.
Soporte para un problema persistente
Cuando el insomnio continúa, genera malestar severo o limita las actividades diarias, es recomendable contactar a su médico. El dolor, los medicamentos, la apnea del sueño y otros problemas pueden contribuir y requerir su propia evaluación.
La terapia cognitivo-conductual para el insomnio, o CBT-I, aborda de forma estructurada los pensamientos y conductas que pueden mantenerlo. También se puede proponer cuando existen preocupaciones relacionadas con el sueño; no equivale a una invitación genérica al relax. La ansiedad que también afecta a otros momentos del día puede merecer un apoyo específico.
Análisis en profundidad: NHS, evaluación y tratamiento del insomnio, en inglés.