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Información sobre los trastornos del recién nacido
Llorar, regurgitar, alimentarse y dormir son motivos frecuentes de preocupación en los primeros meses. Esta página le ayuda a reconocer las diferencias entre variaciones comunes y signos que requieren evaluación pediátrica. La difusión de los tratamientos manuales no demuestra su eficacia.
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Llanto y cólicos
El llanto comunica necesidades y puede variar mucho durante el día y con la edad. El cólico describe episodios de llanto prolongado en un bebé por lo demás sano; la tradicional «regla de tres» es una descripción, no una prueba para excluir enfermedades.
No se puede distinguir un llanto normal de uno patológico observando si los ojos están abiertos o cerrados. La nutrición, el crecimiento, la temperatura, los pañales mojados y el estado general son más útiles en la evaluación pediátrica.
La fiebre de al menos 38 °C en los menores de tres meses, el vómito verde, la mala capacidad de respuesta o la dificultad para alimentarse requieren asistencia inmediata. En caso de dificultades respiratorias graves o de un niño que parece gravemente enfermo, llame al 112. Si el llanto te embarga, coloca al bebé boca arriba en la cuna segura y pide ayuda: nunca lo sacudas.
Posibles causas del llanto
El hambre, el cansancio, el calor, el frío, el pañal mojado y la necesidad de contacto son causas frecuentes. Las dificultades para alimentarse, infecciones u otras afecciones también pueden causar malestar y deben evaluarse en contexto.
No es correcto atribuir el llanto a «bloqueos» del cráneo o la espalda, ni asumir daños en los nervios provocados por el parto. Una cabeza aplanada no indica que el niño sienta dolor. La intolerancia a la lactosa y la alergia a las proteínas de la leche son afecciones diferentes y no se pueden diagnosticar sólo con el llanto.
Si el bebé no crece, tiene dificultades para alimentarse o su comportamiento cambia, contacta con tu pediatra. Evite eliminaciones de alimentos o cambios de fórmula sin la indicación adecuada.
Otitis y líquido en el oído medio
La otitis media aguda es una inflamación del oído medio que puede ir acompañada de dolor, fiebre e irritabilidad. Sin embargo, el derrame en el oído medio, llamado otitis media con derrame, puede ocurrir sin una infección aguda y reducir temporalmente la audición. No son fases obligatorias de una misma enfermedad.
El médico evalúa el oído con el otoscopio; Los padres no pueden establecer el diagnóstico por el color del tímpano. El tratamiento depende de la edad, la gravedad y los hallazgos clínicos.
La hinchazón, el enrojecimiento o dolor detrás de la oreja, la oreja que parece empujada hacia adelante, el empeoramiento general o la fiebre persistente requieren una evaluación urgente para descartar complicaciones como la mastoiditis.
Si sale líquido del oído
Una perforación del tímpano puede provocar la fuga de secreciones y en ocasiones reducir el dolor, pero esto no significa que no sea necesaria una evaluación. Consulte con su pediatra, especialmente en bebés o en presencia de fiebre y malestar. No introduzca objetos en el conducto y no utilice gotas no indicadas por su médico.
El niño enferma con frecuencia: ¿cuándo debemos investigar más?
En los primeros años, las infecciones respiratorias pueden ser frecuentes, especialmente cuando asisten a la guardería. Un solo resfriado al mes no nos permite diagnosticar una inmunodeficiencia. La tos, la hinchazón abdominal o el estreñimiento no son signos específicos de «defensas bajas».
El pediatra considera la gravedad y duración de las infecciones, el crecimiento, la respuesta al tratamiento y los antecedentes familiares. Las infecciones inusualmente graves, persistentes o recurrentes en determinadas ubicaciones, las hospitalizaciones repetidas o el crecimiento deficiente pueden requerir pruebas.
Proteger la salud sin restricciones innecesarias
Las vacunas programadas, un ambiente libre de humo, la higiene de manos, una nutrición adecuada y unos cuidados adecuados ayudan a la salud del niño. No es correcto atribuir las infecciones frecuentes al estrés de la madre, al tipo de parto o a un «bloqueo» craneal.
No eliminar el gluten, la leche, los azúcares o los almidones de la dieta del niño basándose en una supuesta sensibilidad general del intestino. Una dieta restrictiva puede comprometer la ingesta de nutrientes y, en el caso del gluten, hacer que las pruebas de enfermedad celíaca sean menos fiables. Las alergias e intolerancias requieren un manejo específico.
No se ha demostrado que la osteopatía sea eficaz para fortalecer el sistema inmunológico o prevenir infecciones.
Regurgitación y dificultades de alimentación
La regurgitación es el retorno de pequeñas cantidades de leche y suele ser fisiológica en el lactante que está creciendo y bien. Se distingue de los vómitos repetidos o a chorros. No existe una clasificación fiable de la regurgitación basada en un límite de treinta minutos o en presuntos bloqueos cervicales.
Cuando la succión es difícil, se debe observar la alimentación y evaluar el agarre, la transferencia de leche, el crecimiento y la salud del bebé. No hay evidencia de que un parto asistido comprima el nervio glosofaríngeo provocando reflujo, ni que la manipulación solucione el problema.
“Reflujo silencioso”: evite el autodiagnóstico
El término se utiliza para un aumento del contenido gástrico sin regurgitación visible. Sin embargo, llorar, despertarse o toser no diagnostican por sí solos la enfermedad por reflujo. Las dificultades respiratorias requieren una evaluación específica.
Para dormir se debe colocar al niño boca arriba sobre una superficie rígida y no inclinada, aunque regurgite. No utilices almohadas antirreflujo. Comuníquese con su pediatra si tiene dificultades para alimentarse, crecimiento deficiente o vómitos persistentes; Los vómitos verdes o con sangre, la deshidratación y el malestar severo requieren asistencia urgente.
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