Perspectivas
Dolor abdominal
En esta página puedes aprender más sobre el dolor abdominal.
Dolor abdominal: comprender los síntomas
El dolor abdominal puede ir acompañado de hinchazón, náuseas, diarrea, estreñimiento o acidez de estómago. Las causas van desde dolencias transitorias hasta enfermedades que requieren tratamiento urgente. La ubicación y la intensidad ayudan a describirlo, pero no son suficientes para reconocer la causa.
Las posibles explicaciones incluyen infecciones, reflujo, estreñimiento, síndrome del intestino irritable, enfermedad inflamatoria intestinal y problemas urinarios o ginecológicos. La candidiasis no es una explicación habitual de la hinchazón crónica en personas sanas y no justifica la terapia antimicótica ni las dietas no diagnosticadas.
Llame al 112 en caso de dolor intenso y repentino, desmayos, dificultad para respirar, vómitos con sangre, heces negras alquitranadas o abdomen muy sensible y rígido. El dolor con los vómitos, la hinchazón y la incapacidad para evacuar heces o gases pueden indicar una obstrucción. Durante el embarazo, el dolor intenso con sangrado, mareos o dolor en el hombro requiere atención urgente.
Consulte a su médico si tiene dolor persistente o recurrente, pérdida de peso involuntaria, sangre en las heces, fiebre o dificultad para tragar. Los siguientes apartados son orientativos y no permiten el autodiagnóstico.
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¿Por qué son tan frecuentes los trastornos abdominales?
Muchos se habrán hecho estas preguntas: ¿por qué me duele el estómago? ¿Estoy comiendo de forma poco saludable o incorrecta? ¿Soy intolerante a algún alimento? ¡Sin embargo, eso no significa que el problema sea tu dieta!
Estrés y trastornos digestivos
El cerebro y el sistema digestivo se comunican a través de vías nerviosas, hormonales e inmunitarias. El estrés puede cambiar la motilidad, la sensibilidad al dolor y los hábitos alimentarios; en algunas personas aumenta los calambres, la diarrea o el estreñimiento.
El sistema nervioso autónomo incluye componentes que colaboran en la regulación del organismo. No existe una oposición simple entre un sistema «bueno» que digiere y uno «malo» que apaga los órganos. Los síntomas persistentes no deben atribuirse al estrés antes de una evaluación adecuada.
El sueño regular, la actividad tolerada y el apoyo psicológico pueden ser útiles. Para algunos trastornos de la interacción intestino-cerebro, se pueden integrar terapias psicológicas, nutrición y medicamentos específicos según sea necesario.
Movimiento y digestión
La actividad física regular, adaptada a tus condiciones de salud, puede favorecer la regularidad intestinal y el bienestar general. Los días sedentarios prolongados pueden coincidir con menos movimiento, cambios en la rutina o ingesta deficiente de líquidos, lo que en algunas personas contribuye al estreñimiento.
Caminar e interrumpir períodos de estar sentado a menudo son hábitos prácticos. La cantidad de actividad debe aumentarse gradualmente. El movimiento no elimina una obstrucción intestinal ni reemplaza las pruebas de dolor persistente.
La respiración suave puede ayudarle a relajarse; No es necesario «bombear» sangre de los órganos mediante ejercicios de diafragma. Si la actividad te causa dolor importante, mareos o malestar, detenla y pide consejo.
Dieta y hábitos alimentarios
Comer con calma, masticar cómodamente y mantener horarios bastante regulares puede hacer que las comidas sean más manejables. Un breve diario de alimentos, síntomas y medicamentos puede ayudar al médico a reconocer asociaciones, sin concluir que cada síntoma depende de una intolerancia.
Una dieta variada aporta fibra, proteínas, grasas y micronutrientes. Los alimentos cocinados y los platos preparados no necesariamente están exentos de vitaminas: los ingredientes, la cantidad y la composición general son importantes. Las fibras deben adaptarse a la tolerancia y a las condiciones intestinales.
Evitar exclusiones extensas o suplementos para “reparar el intestino” sin motivo clínico. Si están indicados cambios puntuales, por ejemplo una dieta baja en FODMAP, es útil el apoyo de un profesional competente, con posterior reintroducción de alimentos.
Defensas y enfermedades del sistema digestivo
La mucosa intestinal, los mocos, las secreciones digestivas, la microbiota y las células inmunitarias contribuyen a la protección del organismo. Estas funciones no previenen todas las infecciones o enfermedades y no pueden evaluarse mediante un simple examen manual del abdomen.
Las infecciones, la inflamación, los cambios de la motilidad y otras afecciones tienen mecanismos diferentes. Los antibióticos pueden tener efectos intestinales, pero cuando están indicados tratan infecciones específicas: no deben suspenderse ni evitarse por temor a un «debilitamiento inmunológico» genérico.
Las afecciones que se describen a continuación no tienen todas la misma frecuencia ni la misma urgencia. Una visita y posibles pruebas sirven para distinguir las situaciones y elegir tratamientos. No hay pruebas fiables de que la osteopatía cure estas enfermedades regulando órganos, nervios o defensas inmunitarias.
Úlcera gástrica y duodenal
Una úlcera péptica es una lesión del revestimiento del estómago o del duodeno. Las causas más comunes incluyen la infección por Helicobacter pylori y el uso de antiinflamatorios no esteroides. Puede causar dolor en la parte superior del abdomen, náuseas o saciedad temprana, pero a veces permanece mínimamente sintomático.
Su médico puede ordenar una prueba paraH. pylori y, cuando esté indicado, una gastroscopia. Un fármaco que reduce la acidez favorece la curación; Se recetan antibióticos para erradicar una infección confirmada. La elección y la duración dependen del caso, y el resultado de la erradicación puede requerir seguimiento.
Informe todos los medicamentos tomados. No suspenda de forma independiente la aspirina u otros medicamentos recetados. Los vómitos con sangre, las heces negras y alquitranadas, los desmayos o los dolores intensos y repentinos requieren asistencia inmediata a través del 112.
Atresia duodenal
La atresia duodenal es una malformación congénita en la que la primera sección del intestino delgado se cierra e impide el paso del contenido gástrico. Puede sospecharse durante una ecografía prenatal; Después del nacimiento, las pruebas radiológicas ayudan a confirmar la obstrucción.
El recién nacido puede vomitar después de las tomas, a veces con vómito de bilis verde. El vómito verde en un recién nacido requiere una evaluación hospitalaria inmediata. No debe tratarse como un simple reflujo con masajes o cambios de leche.
El tratamiento incluye estabilización, líquidos y descompresión del estómago según sea necesario, seguido de cirugía para restaurar el paso intestinal. El cirujano conecta las secciones utilizables del intestino; No se trata necesariamente de extirpar una porción del duodeno. La recuperación de la nutrición es seguida por el equipo neonatal.
Divertículo de Meckel
El divertículo de Meckel es una pequeña protrusión del intestino delgado presente desde el nacimiento, debido a la persistencia de una estructura embrionaria. Muchas personas no presentan síntomas y no saben que lo tienen.
En algunos casos puede provocar sangrado, inflamación u obstrucción intestinal. En los niños, la sangre en las heces o el dolor abdominal significativo requieren evaluación; sangrado abundante, palidez marcada, somnolencia o desmayos son signos de urgencia.
El médico elige las pruebas en función de los síntomas: se pueden utilizar ecografías, análisis de sangre, una gammagrafía específica u otras investigaciones. Si el divertículo causa complicaciones, puede ser necesaria una cirugía. Para un hallazgo incidental sin síntomas, el equilibrio entre beneficios y riesgos de una intervención se evalúa individualmente.
Apendicitis
La apendicitis es una inflamación del apéndice, una pequeña extensión del ciego. El dolor puede comenzar cerca del ombligo y pasar a la parte inferior derecha del abdomen, pero la presentación varía, especialmente en niños y durante el embarazo.
Pueden acompañarlo náuseas, pérdida de apetito y fiebre. El dolor que empeora o se localiza en el lado derecho requiere evaluación urgente. Dolores muy intensos y generalizados, malestar severo o signos de sepsis requieren 112.
El diagnóstico combina exploración, análisis y posible ecografía o tomografía computarizada. El tratamiento suele ser quirúrgico; algunos casos seleccionados pueden tratarse con antibióticos bajo supervisión médica. No conviene esperar en casa y tratar sólo los síntomas: la perforación puede provocar peritonitis y otras complicaciones.
Diverticulosis y diverticulitis
Los divertículos son pequeñas proyecciones de la pared del colon. Su presencia sin síntomas se llama diverticulosis; muchos no causan problemas. La diverticulitis es una inflamación de los divertículos y puede causar dolor persistente, a menudo en el lado izquierdo, fiebre y cambios en las deposiciones.
La evaluación puede incluir pruebas y tomografías computarizadas según la gravedad y la sospecha. El tratamiento se adapta a la situación: control del dolor, indicaciones dietéticas y, cuando sea necesario, antibióticos. Los abscesos, la perforación u obstrucción pueden requerir hospitalización, drenaje o cirugía.
Fuera de la fase aguda, una dieta variada con fibra introducida gradualmente puede ayudar a la regularidad. Durante un ataque, siga las recomendaciones dietéticas médicas en lugar de aumentar automáticamente la fibra. El dolor intenso con vómitos, distensión o incapacidad para expulsar gases, sangrado abundante o confusión requiere atención inmediata.
Enfermedad de Crohn
La enfermedad de Crohn es una enfermedad inflamatoria crónica que puede afectar varias partes del sistema digestivo. Puede provocar diarrea, dolor, cansancio y pérdida de peso, con periodos de exacerbación y remisión. Los síntomas por sí solos no identifican la ubicación o el alcance de la inflamación.
El diagnóstico puede requerir análisis de sangre y heces, endoscopia con biopsias e investigaciones radiológicas. También se consideran las infecciones y otras posibles causas.
La vía especializada tiene como objetivo controlar la inflamación, promover la remisión y prevenir complicaciones. Incluye medicamentos elegidos según la gravedad, apoyo nutricional y, a veces, cirugía. Un dolor intenso y reciente, fiebre alta, deshidratación o sospecha de obstrucción requieren atención inmediata. Las manipulaciones no reemplazan la terapia de enfermedades.
Colitis ulcerosa
La colitis ulcerosa es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta al recto y puede extenderse a parte o la totalidad del colon. Diarrea con sangre, urgencia, dolor y cansancio son posibles síntomas; la intensidad y la frecuencia varían.
El diagnóstico se basa en la evaluación clínica y las pruebas elegidas por el gastroenterólogo, que incluyen análisis de heces, sangre y endoscopia con biopsias. No puede confirmarse únicamente por la apariencia de las deposiciones.
Los medicamentos ayudan a inducir y mantener la remisión. Las exacerbaciones graves requieren hospitalización; en casos seleccionados puede ser necesaria la cirugía. La extirpación del colon elimina la enfermedad en esa sección, pero implica un proceso complejo con consecuencias que discutiremos. El sangrado intenso, la fiebre, el dolor intenso o la deshidratación requieren una evaluación urgente.
Intususcepción
En la intususcepción, una sección del intestino se desliza dentro de otra, provocando una obstrucción y potencialmente reduciendo el flujo sanguíneo. Es especialmente importante en lactantes y niños pequeños.
Pueden aparecer episodios de dolor intenso, palidez, abatimiento, vómitos y abdomen hinchado. La sangre y la mucosidad en las heces pueden aparecer más tarde: no debes esperar a que pidan ayuda. Un niño con estos síntomas requiere una evaluación hospitalaria urgente.
La ecografía suele confirmar el diagnóstico. Después de la estabilización, en casos apropiados se puede intentar la reducción con un enema de aire bajo control radiológico. Si esto no está indicado o falla, o hay complicaciones, se requiere cirugía. Es un tratamiento hospitalario, nunca un procedimiento que deba intentarse en casa.
Cirrosis
La cirrosis es una etapa avanzada de daño crónico al hígado, con cicatrices y alteraciones en su estructura. Las causas incluyen enfermedades relacionadas con el alcohol, hepatitis crónica, enfermedad metabólica del hígado y algunas afecciones autoinmunes o genéticas.
Es posible que no cause síntomas al principio. Posteriormente puede aparecer cansancio, ictericia, hinchazón del abdomen o piernas, sangrado y dificultad para concentrarse. El análisis, la ecografía y la evaluación de la fibrosis ayudan al diagnóstico; se eligen otras pruebas según corresponda.
Tratar la causa y prevenir las complicaciones puede retardar el empeoramiento. Son importantes los controles especializados, el apoyo nutricional y la abstinencia de alcohol; si hay dependencia, la suspensión deberá organizarse con asistencia médica. En algunos casos, se considera el trasplante. El pronóstico depende del estadio y la respuesta al tratamiento, no de un porcentaje único.
Los vómitos con sangre, las heces negras o la confusión repentina requieren 112.
Tumores hepáticos
Es necesario distinguir un tumor que surge en el hígado de una metástasis con origen en otro órgano. Las lesiones benignas, como algunos quistes o angiomas, son una categoría diferente: encontrar una lesión no significa automáticamente cáncer.
Los factores de riesgo dependen del tipo de tumor; Algunas enfermedades hepáticas crónicas son relevantes para el carcinoma hepatocelular. Los síntomas pueden estar ausentes inicialmente o incluir dolor, pérdida de peso, ictericia y cansancio.
Las pruebas pueden incluir ultrasonido, tomografía computarizada o resonancia magnética y, en casos seleccionados, biopsia. La terapia depende del origen, extensión, función hepática y salud general. Las opciones incluyen cirugía, trasplante en pacientes seleccionados, ablación, tratamientos vasculares, radioterapia y medicamentos oncológicos. El equipo de especialistas explica los objetivos, beneficios y riesgos del camino propuesto.
Ictericia
La ictericia es la coloración amarilla de la piel y la parte blanca de los ojos debido a la acumulación de bilirrubina en la sangre. Es un signo clínico, no una enfermedad autónoma. Puede estar asociado con orina oscura, heces de color claro y picazón.
Las causas incluyen enfermedad hepática, obstrucciones de los conductos biliares y una mayor destrucción de glóbulos rojos. La ictericia nueva requiere una evaluación médica inmediata con pruebas y posibles pruebas de imagen. El tratamiento depende de la causa.
Si se acompaña de fiebre, dolor abdominal intenso, confusión o malestar intenso, se necesita atención urgente. En los recién nacidos la evaluación sigue un camino específico: no tratar la ictericia con exposición solar ni remedios caseros.
Esteatosis hepática y disfunción metabólica
La esteatosis es una acumulación de grasa en el hígado. Cuando se asocia con factores cardiometabólicos, se utiliza el término MASLD, enfermedad hepática esteatótica asociada con disfunción metabólica. Anteriormente se la conocía como enfermedad del hígado graso no alcohólico. Las formas relacionadas con el alcohol son distintas, aunque pueden coexistir múltiples factores.
La obesidad abdominal, la diabetes tipo 2 y las alteraciones lipídicas son factores relevantes. En algunas personas se desarrolla inflamación, fibrosis y cirrosis; no todas las esteatosis progresan de la misma manera.
La evaluación incluye factores de riesgo, análisis de sangre e investigaciones para estimar la grasa y la fibrosis; La biopsia se reserva para situaciones seleccionadas. La actividad física, la nutrición y el control gradual del peso cuando esté indicado forman parte del tratamiento, junto con el control de la diabetes y el riesgo cardiovascular. El médico establece controles y posibles terapias adicionales.
Cálculos biliares
Los cálculos se forman cuando ciertos componentes de la bilis cristalizan. Pueden permanecer en la vesícula biliar o migrar al tracto biliar. La edad, los antecedentes familiares, el embarazo, la obesidad y la rápida pérdida de peso se encuentran entre los factores asociados, sin que uno solo explique todos los casos.
Muchos cálculos no causan síntomas. El cólico biliar causa dolor en la parte superior del abdomen, a menudo en el lado derecho, que puede irradiarse hacia la espalda o el hombro. El dolor puede aparecer después de una comida, pero no siempre.
La ecografía es una prueba frecuente en la evaluación. Se pueden observar cálculos sin síntomas; los sintomáticos o complicados pueden requerir la extirpación de la vesícula biliar. Para los cálculos en el conducto biliar común, puede estar indicado un procedimiento endoscópico, llamado CPRE. Ajustar sus comidas puede reducir algunas molestias, pero no elimina una obstrucción.
El dolor intenso o persistente, la fiebre, los escalofríos, los vómitos o la ictericia requieren atención urgente.
Hipertensión portal
Es un aumento de la presión en el sistema de la vena porta, que transporta la sangre desde el sistema digestivo y el bazo hasta el hígado. La cirrosis es una causa importante, pero también existen causas vasculares y otras afecciones.
Puede provocar acumulación de líquido en el abdomen, agrandamiento del bazo y venas varicosas en el esófago o el estómago, que pueden sangrar. La evaluación incluye cuadro clínico, análisis e investigaciones del hígado y vasos, como la ecografía Doppler. La endoscopia se utiliza para identificar y, en ocasiones, tratar las venas varicosas; no es la única prueba para detectar hipertensión portal.
Los tratamientos apuntan a la causa y las complicaciones, con fármacos y procedimientos seleccionados por el especialista. Vómitos con sangre, heces negras o colapso requieren 112.
Colecistitis y colangitis aguda
La colecistitis es la inflamación de la vesícula biliar, a menudo debido a un cálculo que bloquea su salida. La colangitis aguda es una infección del tracto biliar, frecuentemente asociada con obstrucción. Son afecciones diferentes y potencialmente graves.
El dolor persistente en la parte superior derecha del abdomen, la fiebre o escalofríos y la ictericia requieren una evaluación urgente. No es necesario esperar 24 horas. La confusión, la debilidad marcada, el desmayo o la dificultad para respirar pueden indicar sepsis: llame al 112.
Las pruebas incluyen análisis e investigaciones de las vías biliares. La atención hospitalaria puede incluir líquidos, analgesia y antibióticos. La colangitis con obstrucción puede requerir drenaje de las vías biliares, a menudo mediante CPRE; La cirugía puede estar indicada para la colecistitis. Los tiempos y procedimientos dependen de la gravedad, sin garantía de recuperación en una semana.
Hepatitis A
La hepatitis A es una infección viral del hígado que se transmite principalmente por vía fecal-oral, a través de alimentos o agua contaminados y por contacto cercano. Puede ocurrir incluso sin viajar. La higiene de las manos, la seguridad alimentaria y la vacunación contribuyen a la prevención.
Los síntomas pueden incluir cansancio, náuseas, dolor abdominal, orina oscura, heces claras e ictericia; en niños pequeños la infección puede ser mínimamente sintomática. Análisis de sangre específicos confirman el diagnóstico.
No se convierte en una infección crónica. El tratamiento es principalmente de apoyo, centrándose en la hidratación y los medicamentos que pueden dañar el hígado. Los casos graves requieren hospitalización. Después de un contacto de riesgo, solicitar consejo al servicio de salud sobre profilaxis y vacunación lo antes posible; el patrón depende del producto y la situación.
Hepatitis B
La hepatitis B se transmite a través de la sangre y otros fluidos biológicos, las relaciones sexuales y de madre a hijo alrededor del nacimiento. La infección puede ser aguda o crónica, con riesgo de cirrosis y cáncer de hígado.
Muchas personas no presentan síntomas. Cuando aparecen, pueden incluir náuseas, cansancio, dolor abdominal, orina oscura e ictericia. El diagnóstico requiere pruebas específicas; en la infección crónica, también se evalúan la actividad del virus y las afecciones hepáticas.
La hepatitis aguda generalmente se trata con cuidados de apoyo y supervisión médica. Para la hepatitis B crónica, existen antivirales que son eficaces para suprimir el virus y reducir el riesgo de complicaciones, aunque a menudo se requiere un tratamiento prolongado. No todas las personas necesitan el mismo medicamento de inmediato, pero todos necesitan un plan de control adecuado.
La vacunación previene la infección. Durante el embarazo y después de una exposición a riesgos, se dispone de medidas específicas que se organizarán rápidamente con el servicio de salud.
Hepatitis C
La hepatitis C es una infección del hígado que se transmite principalmente a través de sangre infectada. Puede permanecer sin síntomas durante años; cuando están presentes, el cansancio, las náuseas o la ictericia por sí solos no permiten distinguirla de otras hepatitis.
La detección busca anticuerpos y, si es necesario, una prueba para confirmar una infección activa. La evaluación también considera el daño hepático y otras condiciones de salud.
Los antivirales de acción directa pueden curar la infección en la gran mayoría de los casos. El tratamiento lo elige y sigue el médico; El daño hepático avanzado puede requerir controles incluso después de la recuperación virológica. No existe vacuna y es posible que se produzca una nueva infección después del tratamiento, por lo que siguen siendo importantes las medidas para evitar el contacto con sangre infectada.
Hepatitis D
El virus de la hepatitis D necesita del virus de la hepatitis B para multiplicarse. La infección puede adquirirse junto con la hepatitis B o superponerse a la hepatitis B existente, lo que aumenta el riesgo de enfermedad hepática grave.
La transmisión se produce a través de la sangre y otros fluidos biológicos. Los síntomas pueden ser similares a los de otras hepatitis, pero también pueden estar ausentes. En personas con hepatitis B, el médico evalúa pruebas específicas para detectar hepatitis D y, si son positivas, la actividad de la infección.
La vacuna contra la hepatitis B previene indirectamente la hepatitis D en personas no infectadas con hepatitis B. No protege contra la D aquellos que ya tienen una infección por hepatitis B.
Dolor abdominal y localización
Parte inferior. El intestino, la vejiga y los órganos reproductivos pueden provocar dolor en la parte inferior del abdomen. El estreñimiento, el síndrome del intestino irritable, las infecciones urinarias, la endometriosis y los quistes ováricos son posibles ejemplos. Durante el embarazo o si es posible un embarazo, también se debe evaluar un dolor significativo para excluir un embarazo ectópico.
Lado derecho. La apendicitis puede causar dolor especialmente en la parte inferior derecha; Los problemas de la vesícula biliar o del hígado afectan con mayor frecuencia a la parte superior. Estas indicaciones no se aplican estrictamente a todas las personas.
Parte superior. El reflujo, las úlceras, los cálculos biliares y la pancreatitis pueden provocar dolor en esta región. Un problema cardíaco también puede presentarse como molestias en la parte superior del abdomen, especialmente con dolor en el pecho, sudoración o dificultad para respirar: en este caso llama al 112.
Lado izquierdo. Gases, estreñimiento, diverticulitis y afecciones urinarias o ginecológicas son algunas posibilidades. El sitio no confirma el diagnóstico: la duración, el curso, los síntomas asociados y la visita guían las investigaciones.
Información detallada en inglés: NHS: dolor abdominal y NIDDK: enfermedades digestivo.